Partidocracia ¿para qué? (Tercera Parte)

Gráfico1Las “buenas intensiones” no alcanzan para hacer un buen gobierno, porque toda conducta es justificable; a todo le ponemos pretextos. Todo acto de buen gobierno debe ser fundado y motivado; o sea, un acto de autoridad no debe ser una ocurrencia sino que debe ajustarse a una ley vigente (fundado), y también ese acto de autoridad debe tener el propósito de servir al interés público (motivado). Un gobierno que no funda y motiva correctamente sus actos de autoridad es un gobierno ilegal; un mal gobierno.

Por Alberto Pérez García

Cuando se trata de calificar a un gobierno, o sea, cuando decimos que tal o cual gobierno es bueno o malo, generalmente nos dejamos llevar por apariencias; pero las apariencias engañan y por eso debemos tener referencias que efectivamente sirvan para calificar la labor gubernamental. Entonces, distinguir las apariencias es algo muy importante.

¿Cuáles son algunas de estas apariencias?

Muchas personas piensan equivocadamente que un buen gobierno es el que regala cosas a la gente. Se ha hecho costumbre que ya desde las campañas políticas para elegir al presidente municipal los candidatos regalan cosas, ofrecen comidas, organizan bailes, ofrecen empleos en el Ayuntamiento y cosas similares.

Tal vez las personas directamente beneficiadas puedan hablar bien de un gobierno así, pero la verdad es que esos regalos terminan siendo pagados por el pueblo mediante la nómina al doble o triple.

Todos esos regalos que se dan en las campañas tienen un costo. Los candidatos hacen compromisos a cambio del dinero que gastan en la campaña y esos compromisos, tarde o temprano, tienen que pagarse.

En Tequila estamos ya en una situación en la que el mismo presidente Felipe de Jesús Jiménez Bernal ha dicho muchas veces que no hay dinero para hacer obra pública ni para otorgar mejores servicios. La verdad es que dinero sí hay, porque en el 2016 el Ayuntamiento tuvo ingresos por 210 millones de pesos; el problema es que el dinero se gasta en pagar compromisos políticos y no sobra nada para el pueblo.

Esto difícilmente podemos llamarlo “un buen gobierno”.

Otra apariencia es la siguiente: muchas personas piensan erróneamente que un buen gobierno es el que no cobra impuestos, licencias, multas, etcétera. Algunas personas piensan también que no vale la pena pagar impuestos, porque ese dinero no regresa al pueblo sino que se usa para beneficiar a familiares y amigos de los gobernantes.

En ambos casos el efecto es el mismo: el Ayuntamiento no recauda lo suficiente para cumplir con las necesidades del municipio.

El problema de una escasa recaudación es que el dinero que mandan los gobiernos federal y estatal al municipio se calcula con base en la recaudación municipal. Si la recaudación municipal es escasa, menor cantidad de dinero federal y estatal llegará al municipio.

Más aún, un gobierno que no cobra permisos y multas está propiciando el desorden y la ilegalidad. Esto lo vemos en el desorden que hay en los fraccionamientos de lotes ejidales, en los motociclistas que no respetan los señalamientos de tráfico, en los negocios que invaden las banquetas, en la impunidad de la delincuencia, etcétera.

Este, otra vez, no puede ser un buen gobierno.

¿Cómo, entonces, podemos saber si un gobierno es bueno?

Definitivamente un buen gobierno no tiene nada que ver con el hecho de que el presidente sea buena gente, amable, que perdona las multas, que no cobra las licencias. Tampoco es un buen gobierno aquel que regala cosas y luego las cobra al doble o triple.

Un buen gobierno es el que trabaja con orden, con planeación, con la mira en beneficios para la población en general. Y sobre todo, un gobierno que actúa conforme a las leyes y reglamentos; que cumple y hace cumplir la ley.

Un acto de autoridad no debe basarse en una ocurrencia de algún funcionario, aún cuando esa ocurrencia sea bien intencionada. Actuar por ocurrencias conduce al abuso de autoridad, a la impunidad, al desorden administrativo, a las injusticias, porque a unos se les cobra más que a otros, porque unos aportan y otros no.

Todo funcionario y todo candidato que pretenda ser funcionario debe asumir públicamente un compromiso incondicional de cumplir y hacer cumplir la ley y los reglamentos. Además, debe admitir los controles que las leyes mandan y que sirven para gobernar con transparencia, con orden y con justicia.

Y si algún subordinado viola la ley, deben aplicarse las sanciones sin titubeos. Por ejemplo, en días pasados denuncié que el director de Recursos Humanos del Ayuntamiento, Efrén Bernal, tiene meses utilizando albañiles del Ayuntamiento para las remodelaciones que realiza en su casa.

El presidente Felipe de Jesús Jiménez Bernal se ha mantenido muy calladito ante esta anomalía que, más que anomalía, es un robo de recursos públicos. Tal vez sea que el funcionario acusado es su primo. A partir de lo que suceda el pueblo sabrá si su gobierno es legal o ilegal, si es bueno o malo.

Vamos Tequila ¡¡¡Exige más!!!

Agradezco sus comentarios al correo: apg2013gdl@yahoo.com

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